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El jefe de cómputo de OpenAI dice que el riesgo real es construir de menos, no de más
Sachin Katti, que dirige el cómputo industrial en OpenAI, rechaza de plano la tesis del exceso de construcción: «La demanda supera hoy con creces la oferta de cómputo. Así que todo lo que conseguimos poner en marcha lo consumimos de inmediato.» Cada vez que la compañía dio por hecho que ya tenía suficiente y levantó el pie, se arrepintió. Su preocupación real va en dirección contraria: las cadenas de suministro físicas de turbinas de gas, transformadores y electricistas cualificados sencillamente no pueden moverse al ritmo que se necesita, con unos 50.000 millones de dólares de gasto en cómputo este año frente a un total del sector cercano a los 700.000 millones. Confirma que los ingresos han seguido al cómputo casi de forma exacta (si triplicas uno, triplicas el otro), que la inferencia domina ya incluso las cargas llamadas de entrenamiento, porque tanto la generación de datos sintéticos como el post-training son inferencia, y que el chip propio Jalapeño de OpenAI pasó del diseño al tapeout en nueve meses, optimizado para tokens por vatio porque la energía es la restricción que manda. Un detalle notable: OpenAI es inquilina de sus centros de datos, no propietaria, así que la financiación recae en Microsoft, Oracle, Google, Amazon y otros. Su afirmación más llamativa: «no está tan lejos el mundo de la recursión, en el que la AI diseñará los sistemas que necesita para entrenar y ejecutar la siguiente generación de AI», chips incluidos.
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